Amigos por la pintura

La sociología del arte define al campo artístico como el entramado relacional de distintos agentes (artistas, obras, instituciones) que funciona de manera relativamente autónoma. Dentro de ese sistema, el reconocimiento generacional juega un papel decisivo. Pensar en término de generaciones y tradiciones permite establecer continuidades y rupturas e identificar la emergencia de lo que Raymond Williams denominó formaciones, tendencias en la vida intelectual de influencia significativa sobre la cultura. Las de especialización, que promueven o apoyan un medio en particular, toman cuerpo en conjuntos como los de esta exposición, Amigos por la pintura, unidos por una disciplina cuya muerte ha sido insistentemente anunciada.

Si la acelerada búsqueda de lo nuevo caracterizó a la Modernidad, la vivencia actual parece ser menos ansiosa y, en consecuencia, más libre. Los artistas comparten repertorios que se nutren de su mutuo contacto, reactualizan tradiciones y se piensan a sí mismos insertos en un modelo deleuziano de  rizoma, donde sus poéticas actúan sin jerarquías verticales. Pareciera que en la actualidad la novedad viene de la mano de la tecnología cuando introduce modos de interacción que antes no existían. La pintura ha quedado felizmente relevada de ese mandato vanguardista. Puede o no sacar provecho de la tecnología pero, ciertamente, no cifra en ello su existencia. La pintura tuvo en sus inicios al  inconmensurable mundo natural a su disposición: así creo el mundo de la imagen,  inagotable como la cultura misma.      

¿Por qué esta sociedad de artistas? Porque independientemente de las edades y experiencias, están embarcados en una misma aventura de observación, reflexión y, por qué no, mutua consolación ante el destino trágico de ser pintor.

 

María José Herrera, presidente de la Asociación Argentina de Críticos de Arte (AACA-AICA)

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